Como suele suceder cuando la Copa de la Liga ofrece sorpresas, en Inglaterra también se demostró que las diferencias entre presupuestos y jerarquías no deciden el resultado en 90 minutos. En octavos de la Carabao Cup, Arsenal, vigente campeón de la Premier, cayó ante Fleetwood Town, un equipo de League Two, en el Highbury Stadium, un recinto de poco más de 5.000 espectadores que se pintó de fiesta para una noche histórica.

El encuentro arrancó de manera insólita: a los pocos segundos, un drone sobrevoló el estadio y obligó a detenerse el juego por motivos de seguridad durante varios minutos. Ya superado ese episodio, Fleetwood se adueñó del primer golpe: a los 21 minutos, Aaron Loupalo-Bi superó la marca del joven Marli Salmon y definió ante Illan Meslier para poner en ventaja al conjunto local. Las tribunas estallaron y aquello empezó a convertir lo que parecía un simple viaje a una noche para recordar para Fleetwood.

Arsenal reaccionó en la segunda parte. Viktor Gyökeres consiguió la igualdad y el equipo londinense, liderado por su paladar de posesión, empujó para volcar la balanza a su favor. Sin embargo, la defensa de Fleetwood y una actuación destacada del guardameta Jay Lynch empezaron a volcar la historia a favor de los visitantes. El partido quedó abierto y, según la crónica de la noche, terminó con la expulsión de un jugador del Arsenal, que dejó a su equipo con un hombre menos para los minutos finales.

La definición tuvo lugar en la tanda de penales y Fleetwood Town se impuso por 5-3, sellando una hazaña que, por contexto, fue destacada por analistas y medios británicos como una de las grandes sorpresas de la jornada. Nunca antes un campeón vigente de la Premier había sido eliminado de la Copa de la Liga por un club de cuarta división, según las estadísticas difundidas por la prensa especializada.

Así, Fleetwood Town dejó en claro que, en el fútbol, lo importante no siempre es la etiqueta del club, sino cómo se juega en la noche adecuada y en el lugar correcto.