La fábrica de tractores Pauny, ubicada en Las Varillas y considerada una de las mayores integradoras de componentes nacionales, atraviesa un momento difícil por deudas financieras, una merma en sus ventas y atrasos en salarios y aportes. Fundada a inicios de 2002 tras el cierre de Zanello, que dejó a 200 personas sin trabajo, Pauny nació de la unión de ex gerentes y antiguos operarios de la firma quebrada. En 2016 inauguró una nueva planta en La Banda, Santiago del Estero, y al año siguiente logró su récord de producción al superar los 2.000 tractores fabricados. Su lema comercial señala que “6 de cada 10 tractores son Pauny”.

Hoy, la realidad de la empresa con unos 500 empleados se ve condicionada por cheques rechazados, un pasivo elevado con entidades financieras y una caída marcada en las ventas. De acuerdo a la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), Pauny debe $ 29.910.753.000 a diversas entidades financieras, con más de $ 21.000 millones concentrados en el Banco Nación, y $ 1.028.417.418 por 146 cheques rechazados por falta de fondos.

En el frente comercial, el desempeño no es menos problemático: según el último reporte de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA), la marca apenas ostenta el 8% de participación en el mercado de tractores. Las ventas cayeron 22,6% interanual en septiembre y acumulan una baja del 28% en el año, lo que se traduce en 123 unidades menos vendidas.

Un fenómeno que agranda la presión es la irrupción de importaciones, especialmente de otros fabricantes, en la categoría “otros” —sector dominado mayoritariamente por firmas chinas— que mostró un crecimiento del 98,2% interanual en septiembre y del 136% en lo que va de 2026. Los industriales señalan que este auge de unidades importadas golpea a las plantas locales.

En el plano laboral, la situación también genera tensión. La seccional local de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), con sede en San Francisco, solicitó al Ministerio de Trabajo de Córdoba una audiencia urgente para este miércoles, ante los atrasos en el pago de salarios y aportes por parte de Pauny. El sindicato indicó que la empresa debe a sus trabajadores la segunda quincena de septiembre y la primera de octubre, con intereses incluidos, lo que podría derivar en retenciones de tareas si no se regulariza.

La tensión se intensificó cuando la dirección dispuso la exclusión de trabajadores de sus puestos entre lunes y miércoles, medida que fue rechazada por la UOM, que insistió en que los empleados deben presentarse a trabajar para mantener las operaciones.