Apenas se difundió el recuento parcial de votos en Israel, el presidente argentino, Javier Milei, se apresuró a felicitar a Benjamín Netanyahu por lo que llamó una “gran elección” del Likud. Sin embargo, el panorama político aún no ofrece certeza: en el sistema parlamentario israelí se requiere alcanzar 61 escaños en el Knéset para formar gobierno, y hoy la coalición de Netanyahu acumula 53 asientos.

El candidato opositor más cercano es el exmilitar Gadi Eisenkot, quien recoge 48 curules. Las negociaciones y posibles pactos en los próximos días serán decisivos para definir quién terminará ocupando la Jefatura de Gobierno, ya que la sums de Netanyahu está por debajo de la mayoría necesaria en un parlamento de 120 escaños. El peso de los 19 escaños obtenidos por candidaturas árabes añade una variable clave a la ecuación política.

El resultado electoral ha marcado un hecho histórico para la comunidad árabe, que logró sumar 19 bancas. En ese marco, Netanyahu requerirá abrir acuerdos con esas fuerzas para sostener el poder, mientras él mismo ha apuntado a la necesidad de alianzas para gobernar.

La versión de Milei sobre el apoyo a Netanyahu contrastó con el hecho de que, a nivel personal, el mandatario aún no celebró una nueva reelección. Netanyahu ocupó el cargo entre 2009 y 2020 y volvió a la jefatura en diciembre de 2022. En estas elecciones, Likud obtuvo 27 escaños de modo individual; al sumarse a las candidaturas de su bloque, alcanzó 53 diputados, todavía insuficientes para la mayoría de 61. Este escenario cobra mayor relevancia por el respaldo de los partidos árabes.

El análisis de los números también contrasta con la trayectoria del propio aliado de Milei: aunque logró 27 escaños, en elecciones anteriores su bloque había obtenido cifras superiores, llegando en otras ocasiones a 36 bancas, como en 2020. En ese contexto, las negociaciones y las alianzas serán determinantes para definir el próximo gobierno israelí y su posible continuidad.